Egipto se ha consolidado como el mayor exportador mundial de fresas congeladas, siendo China su mercado de más rápido crecimiento. Gracias a un suelo arenoso y un clima soleado en la ciudad de Ismailia, las fresas egipcias logran una calidad, fibra y sabor superiores a las de otros países. Tras ser cosechadas, las frutas pasan por un estricto proceso de limpieza y congelación rápida individual (IQF) a temperaturas ultrabajas para mantener su estructura y sabor durante el viaje.
El éxito de este comercio se disparó luego de que China haya eliminado el arancel del 30% para las importaciones de productos egipcios. Esto permite que fábricas chinas, como la ubicada en la ciudad de Linyi, importen mensualmente miles de toneladas de fresas frescas y congeladas a un menor costo, las procesen mediante liofilización al vacío y las distribuyan a más de 30 países. Ante este beneficio económico, las autoridades de ambos países aplican estrictos controles de calidad desde el cultivo hasta la carga en los puertos, mientras que las aduanas chinas dan «luz verde» con inspecciones rápidas para agilizar los despachos.
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