Se prevé que la producción mexicana de durazno alcance las 255.000 toneladas en 2026, una caída del 5% frente a 2025, debido a heladas tempranas, granizadas de primavera y un patrón climático atípico que ha dañado brotes florales, favorecido plagas y enfermedades fúngicas, y limitado el consumo interno. En este contexto, las importaciones de durazno subirían un 7% en 2026, con Estados Unidos manteniendo una cuota de mercado dominante en el abastecimiento del país.
La producción se concentra en Zacatecas (32%), Michoacán (15%) y Chihuahua (14%), que en conjunto representan el 61% del volumen nacional, con rendimientos de 8,2–8,7 t/ha y cosechas escalonadas según el estado: Michoacán produce temprano (febrero–mayo), Chihuahua de junio a septiembre/octubre y Zacatecas de julio a octubre. Frente a la mayor variabilidad climática, los productores están adoptando riego más eficiente, protección contra heladas y mejores prácticas de manejo de plagas para estabilizar la oferta, mientras la producción de cerezas dulces sigue siendo limitada y EE. UU. cubre más del 80% de las importaciones mexicanas de ese fruto.
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