El Ministerio de Agricultura de Rusia prevé que la cosecha de manzanas en el sector organizado alcance cerca de 2,1 millones de toneladas en 2026, consolidando una tendencia al alza que inició tras alcanzar los 2 millones de toneladas en 2025 y los 1,8 millones en 2024. Este incremento representa un crecimiento de 1,7 veces en los últimos cinco años desde los 1,2 millones contabilizados en 2020, elevando el nivel de autosuficiencia nacional al 85,5%, con la meta gubernamental de cubrir el 100% de la demanda interna para 2028. Este avance productivo se atribuye al apoyo estatal y a la expansión de cultivos perennes, que acumulan 176.300 hectáreas plantadas, de las cuales el 64,5% corresponde a huertos intensivos.
La transformación del sector ha modificado el mapa del comercio internacional de frutas, pues Rusia pasó de ser el principal comprador de manzanas de la Unión Europea —absorbiendo cerca del 57% de su consumo total antes del embargo de 2014— a depender casi exclusivamente de su producción propia. Mientras los agricultores comunitarios sortearon inicialmente las restricciones triangulando envíos a través de Bielorrusia y Kazajistán, actualmente la oferta rusa es autosuficiente, marcando una clara divergencia con el modelo de la UE, que combina la producción de potencias como Polonia, Alemania e Italia con importaciones procedentes de Chile, Nueva Zelanda y Sudáfrica.
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