Los productores de cerezas en Estados Unidos —especialmente en regiones como Oregón— enfrentan un escenario financiero crítico al actuar como tomadores de precios en un mercado altamente volátil. Tras una temporada previa marcada por pérdidas millonarias debido a la escasez de mano de obra por políticas migratorias y a un exceso de oferta que desplomó las cotizaciones, este año los retornos apenas superan los costos de producción. A pesar de contar con suficiente personal recolector gracias a un mayor esfuerzo de planificación, las cosechas concentradas en el pico de la temporada mantienen los precios en niveles marginales, impidiendo a los agricultores saldar las deudas acumuladas de campañas anteriores.
En el ámbito operativo y comercial, la rentabilidad del sector depende cada vez más del momento de maduración de la fruta. Mientras que el 95% de los huertos que cosechan en la ventana media apenas logran cubrir sus gastos o registran ligeras pérdidas, solo aquellos productores con variedades muy tempranas o tardías logran capturar sobreprecios rentables. Sin los pagos finales de las empacadoras hasta finales de año y con una reducción productiva que no logró elevar los precios de mercado, los agricultores de la región continúan operando con márgenes mínimos a la espera de un ciclo favorable que compense el endeudamiento del sector.
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