La industria turca del tomate para procesamiento atraviesa nuevamente una crisis marcada por bajos precios al productor, elevados costos y problemas en el cumplimiento de los contratos. Turquía produce alrededor de 13,5 millones de toneladas de tomates al año, de las cuales cerca del 30% se destina a la industria, principalmente a pasta de tomate. Aunque gran parte de la producción industrial se realiza bajo contrato, los acuerdos no siempre se respetan: cuando hay escasez, los agricultores venden fuera de contrato buscando mejores precios, mientras que en años de abundante oferta las industrias reducen sus compras o aplican fuertes descuentos. Este año, productores de Esmirna denuncian que los costos de diésel, fertilizantes, agroquímicos y mano de obra han aumentado considerablemente, mientras los precios se mantienen prácticamente estancados. Además, las fábricas estarían aplicando descuentos de hasta 25%-30% por pérdidas, reduciendo precios de compra de 4-4,5 liras/kg a apenas 3-3,5 liras/kg.
El problema también afecta a la industria procesadora, que enfrenta mayores costos de energía, envases, financiamiento y mano de obra, además de la pérdida de mercados provocada por las restricciones a las exportaciones implementadas desde 2022. Las exportaciones de pasta de tomate, que superaron las 300.000 toneladas en 2022 por US$468 millones, cayeron posteriormente a unos 171.000-177.000 toneladas anuales. Irak continúa siendo el principal destino, seguido por Italia y Alemania. A esto se suma una expansión poco planificada del tomate deshidratado, cuya producción ha crecido por encima de la demanda exportadora, presionando también los precios.
La crisis evidencia una falta de planificación estructural en toda la cadena del tomate industrial. Productores e industriales reclaman mayor estabilidad, cumplimiento de contratos, apoyo frente al aumento de los costos y mecanismos que permitan establecer precios mínimos. El sector plantea pasar de una gestión basada en reaccionar ante las crisis a una estrategia de planificación de la producción, gestión de riesgos y coordinación entre agricultores, procesadores y autoridades. Sin cambios en este modelo, el ciclo de sobreproducción, caída de precios, reducción de siembras y posterior escasez continuará afectando tanto la rentabilidad de los productores como la competitividad de la industria turca de pasta de tomate.
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