La industria mexicana de la frutilla ha reducido su superficie cultivada en un 25% en los últimos años, pasando de cerca de 20.000 a 15.000 hectáreas, como consecuencia de los desafíos climáticos, la menor disponibilidad de plantas de calidad y la necesidad de mejorar la rentabilidad del cultivo.
Además, durante la última campaña, las exportaciones también disminuyeron un 14%, afectadas por lluvias atípicas y bajas temperaturas. Ante este escenario, Aneberries destaca que el futuro del sector dependerá de la incorporación de mejores variedades genéticas, capaces de resistir enfermedades, el cambio climático y optimizar el uso del agua.
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