Se registra una caída significativa de los precios de la manzana industrial, que a fines de febrero ronda los 55–60 groszy/kg, confirmando que el optimismo previo era infundado. La sobreoferta de fruta de baja calidad, con cámaras frigoríficas saturadas, ha presionado el mercado, mientras que las expectativas puestas en exportaciones récord no lograron absorber variedades problemáticas como Szampion o Jonagored.
En retrospectiva, se evidencia un potencial de venta desaprovechado tras la cosecha, cuando parte de la fruta aún podía destinarse a pelado o procesamiento con mejores precios y menores costos. La falta de conexión directa con el mercado y de acuerdos estables llevó a decisiones especulativas, mayores pérdidas por almacenamiento y una degradación del destino industrial de la fruta, reduciendo aún más su valor final.
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