El sector frutícola de Polonia enfrenta una temporada crítica tras un invierno extremo y sucesivas heladas primaverales que han afectado gravemente a los manzanos. Según Jakub Krawczyk, de Appolonia, temperaturas de hasta -20 °C durante el invierno dañaron brotes, especialmente en variedades como Jonagold, Mutsu y Ligol, debilitando los árboles incluso antes del inicio de la floración. Posteriormente, dos olas de heladas en abril —una en fase de brote y otra en plena floración— provocaron daños aún más severos, con temperaturas bajo cero durante varias noches consecutivas.
A pesar de la implementación de medidas de protección como riego por aspersión, mallas, nebulización y calefacción, la intensidad del frío superó la capacidad de respuesta de los productores. Las limitaciones de agua, energía y eficiencia técnica redujeron el impacto de estas soluciones, dejando a gran parte de las zonas productoras —incluidas Lublin, Mazovia y Sandomierz— con daños generalizados. Las primeras evaluaciones indican que entre el 80% y el 90% de las flores fueron destruidas, lo que podría traducirse en una caída de hasta el 50% en la producción de manzanas para la próxima campaña.
Este escenario genera una fuerte presión en el mercado. Con menor oferta prevista, los productores están optando por retener las existencias almacenadas en cámaras ULO, anticipando un alza sostenida de precios. Además, la pérdida de variedades tempranas podría extender la comercialización de fruta almacenada hasta septiembre. El impacto no se limita a las manzanas, ya que también se reportan daños en ciruelas, cerezas, duraznos y berries, consolidando un panorama de menor disponibilidad frutícola y mayor tensión comercial para la temporada.r implementar soluciones estructurales, como sistemas de seguro universal, para resguardar la viabilidad de las explotaciones ante eventos climáticos cada vez más extremos.
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