La industria estadounidense de la cereza ácida enfrenta una de las peores crisis de su historia tras las intensas heladas que afectaron a todas las principales zonas productoras durante la primavera de 2026. En Michigan, responsable de cerca del 70% de la producción nacional, la cosecha podría caer por debajo de los 50 millones de libras, muy lejos de las 170 a 200 millones de libras habituales. Estados como Utah, Nueva York, Wisconsin y Pensilvania también registran pérdidas severas, mientras que las existencias congeladas se encuentran cerca de mínimos históricos, agravando aún más la escasez de oferta.
La combinación de una producción extremadamente reducida y bajos inventarios está impulsando un fuerte aumento de los precios, con valores para los productores que podrían alcanzar US$1 por libra, el doble o más de los niveles recientes. La situación amenaza la viabilidad de procesadores, fabricantes de alimentos y productores, quienes advierten sobre una posible pérdida permanente de participación de mercado frente a sustitutos como los arándanos rojos (cranberries). Ante la escasez, incluso actores históricamente contrarios a las importaciones respaldan la compra de cerezas extranjeras para evitar el desabastecimiento, aunque la limitada oferta global también dificulta esa alternativa.
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