El presidente ruso, Vladímir Putin, ha firmado un decreto para prorrogar el embargo agroalimentario contra Occidente por dos años más, extendiendo su vigencia desde el 1 de enero de 2027 hasta el 31 de diciembre de 2028. Esta medida, implementada originalmente en agosto de 2014 en respuesta a las sanciones internacionales contra Moscú, bloquea la entrada de una amplia gama de mercancías perecederas e industriales. El veto afecta de manera directa a sectores clave de las economías sancionadas, obligando a los proveedores internacionales a reestructurar sus rutas y buscar mercados alternativos en un contexto de creciente proteccionismo global.
La restricción prohíbe la importación de carne, pescado, mariscos, verduras, frutas y productos lácteos provenientes de una lista de países considerados «inamistosos» por el Kremlin. Entre las naciones afectadas se encuentran los Estados Unidos, la Unión Europea, el Reino Unido, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Noruega, Ucrania, Albania, Montenegro, Islandia y Liechtenstein. Mediante este blindaje prolongado, el Gobierno ruso busca consolidar la autosuficiencia de su industria agrícola local y fortalecer alianzas de suministro con socios comerciales alternativos de América Latina, Asia y los Balcanes.
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