Investigación muestra que tres nutrientes mejoran la salud vascular y reducen el riesgo de infarto

El Congreso Europeo sobre la Obesidad que celebra anualmente la Asociación Europea para el Estudio de la obesidad (EASO) se considera el evento científico sobre la obesidad más importante de Europa y atrae a más de 2.000 participantes de más de 75 países. En la edición de este año, un nuevo estudio israelí planteó que, a través de proteínas, zinc y niacina se conserva la salud arterial y puede restablecerse en caso de encontrarse dañada.

Estudios anteriores apuntan a que las mejoras de salud en pacientes con obesidad o sobrepeso se deben a la propia eliminación de la grasa corporal o a los cambios en la glucosa en sangre, la presión arterial o el descenso de lípidos en el torrente sanguíneo que se da posterior a la pérdida de peso. Tal y como apuntan los investigadores del Centro Sagol para el Síndrome Metabólico del Instituto de Endocronología, Metabolismo e Hipertensión del Centro Médico Tel Aviv-Sourasky, y la Universidad Sackler, también con sede en Israel, todavía no se ha estudiado cuál es la composición de la dieta más efectiva para el adelgazamiento. La gran mayoría analizan las categorías a grandes rasgos las cuales suelen ser: macronutrientes, proteínas, carbohidratos y grasas.

Obesidad y síndrome metabólico, los grandes problemas de la sociedad industrializada

Con el fin de determinar el impacto de otros nutrientes en la salud arterial, los investigadores israelíes estudiaron a 72 voluntarios diagnosticados con obesidad y síndrome metabólico, dos de los grandes problemas de las sociedades industrializadas. De media, la edad de los sujetos era de 53 años y un 55.5% eran hombres. Para diagnosticar obesidad o sobrepeso, se utiliza el Índice de Masa Corporal (IMC). Si este es igual o superior a 25 kg/m2 se relaciona con el sobrepeso. En cambio, si este supera los 30 kg/m2 se considera obesidad. A los 72 voluntarios se les pidió que rellenaran un cuestionario dietético al detalle antes de comenzar la dieta, y tuvieron que hacer lo mismo un año después.

El programa consistió en tomar muestras de tres parámetros de flexibilidad arterial: velocidad de onda de pulso (PWV, por sus siglas en inglés), prueba de grosor de íntima-media carotídea (IMT) y la dilatación mediada por flujo (FMD). Estos indicadores permiten determinar el riesgo de morbilidad cardiovascular y muerte. Además, se incluyó una alimentación pautada, ejercicios físicos, y entrevistas regulares con un médico y un dietista.

Los indicadores desvelaron que la velocidad de onda de pulso se benefició de la reducción en la ingesta calórica y de grasas saturadas. En concreto, el aumento del zinc permitió mejorar los resultados ya que se trata de un mineral clave para una buena síntesis del óxido nítrico en la sangre. Este compuesto ayuda a relajar los músculos internos que llevan a las arterias a contraerse y les permite dilatarse. Por otro lado, el aumento de la proteína implicó la mejora en el IMT y la niacina, un compuesto con la capacidad de dilatar los vasos sanguíneos, benefició a la FMD.

La dieta mediterránea mejora la flexibilidad arterial

La investigación ha revelado que “los cambios en determinados aspectos de la alimentación se relacionan con una mejora en la estructura y la función vascular” explica la Doctora Brurya Tal del Centro Médico Sourasky e investigadora principal. “Las comidas ricas en zinc fueron las pipas de calabaza, las pipas de girasol, las nueces y la carne. La niacina fue proporcionada por el pescado y la carne” señala Tal.

“Una dieta mediterránea, rica en proteína -lácteos desnatados, pescado, pollo y huevo-, rica en verduras, frutos secos y semillas, y complementada con frutas y grano entero, puede contribuir a mejorar la flexibilidad arterial protegiendo de forma indirecta todo el sistema cardiovascular” concluye la especialista.

 

MundoDeportivo.es/06 de Junio 2022