Nuevos alimentos para combatir la hipertensión

Nuevos alimentos para combatir la hipertensión

La hipertensión arterial es una patología cuya prevalencia va aumentando con la edad. En el estrato etario de 45 a 64 años, alrededor del 50-55% la sufre y, en los mayores de 65 años, sobre el 70% tiene esta enfermedad. Un dato preocupante es que, de los cerca de 3.600.000 personas que la desarrollan en Chile, aproximadamente el 60% no se trata. Y más preocupante aún, es que su prevalencia en la población infantil mundial sea aproximadamente de 1,5%, mientras que, en los niños chilenos, se encuentra alrededor del 3-3,5%.

La buena noticia es que, antes del uso de cualquier tipo de medicamento -como los que regulan la presión arterial-, existe un aliado que todas y todos tenemos a la mano: la alimentación. Una medida como disminuir o retirar la sal o los alimentos que la contienen en exceso, por ejemplo, puede ser de gran ayuda para el control de la hipertensión. Nuevos ingredientes naturales, podrían agregarse pronto a la lista de alimentos contra esta clase de enfermedades: Gracias al uso de péptidos con funcionalidad biológica, se podría desarrollar una nueva generación de alimentos funcionales, modificando distintos alimentos para que sean dirigidos especialmente a grupos de personas en riesgo de sufrir determinadas enfermedades.

NUEVAS MATERIAS PRIMAS

También conocidos como péptidos bioactivos, éstos corresponden a cadenas de aminoácidos que se producen de manera natural por las enzimas en el proceso digestivo, ejerciendo distintos tipos de función. Esta observación ha permitido que también puedan ser producidos por hidrólisis con enzimas. Esto es que las proteínas son cortadas por las enzimas en sitios específicos, produciendo estos péptidos bioactivos, para de esta forma incorporarlos a los alimentos, “funcionalizándolos”. Recientes investigaciones han descrito distintas actividades para estos péptidos, tales como: hipocolesterolemiante, antioxidante, antimicrobiana, inmunomoduladora y antihipertensiva.

Existe evidencia científica que muestra que prácticamente cualquier proteína, independiente de su valor nutricional, puede tener la capacidad de generar péptidos con funcionalidad biológica, abriendo así un espacio que permite buscar en proteínas de bajo valor económico o subutilizadas, la posibilidad de revalorizarlas utilizándolas como materias primas o fuente de biopéptidos. Es así como se ha observado que, con las condiciones de proceso precisas, las proteínas presentes en el suero lácteo (subproducto de la industria quesera), son una excelente materia prima para la obtención de péptidos con actividad antihipertensiva. También se ha observado que péptidos provenientes de la carne de pollo pueden tener una función antioxidante, al igual que péptidos provenientes de fuentes vegetales, como la quinoa o la chia.

La gran ventaja de estos péptidos es que pueden traspasar el epitelio intestinal y llegar a tejidos periféricos a través de la circulación sanguínea. De esta manera su efecto biológico benéfico pueden ejercerlo de manera local en el sistema digestivo o también pueden tener un efecto sistémico, ejerciendo un importante papel en la regulación y modulación metabólica. En el marco de la economía circular y de la producción limpia, esta posibilidad se convierte en un gran acierto, ya que por un lado se utiliza una materia prima que de otra manera se estaría desechando con la complicación que tiene su eliminación para el medio ambiente y, por otro lado, se produce un ingrediente que agregaría valor al alimento, debido a que tendría un efecto positivo en la salud de quien lo consume.

ALIMENTOS TRADICIONALES

Esta nueva generación de alimentos podría pronto a sumarse a la lista de aquellos que hoy se recomiendan para proteger nuestra salud. Conocidas son, por ejemplo, las ventajas de ingredientes funcionales en frutas y verduras tales como: tomates, ajo, brócoli, té, quienes son fuente de polifenoles, los que debido a sus más de 8.000 moléculas, tienen una amplia variedad de funcionalidades tales como: antioxidante, antiinflamatorio, antitrombótico y vasodilatador, ejerciendo un efecto protector sobre el sistema cardiovascular. También los pescados grasos como: salmón, jurel, atún y sardinas, tienen un aporte funcional de ácidos grasos omega tres, cuyo efecto antiinflamatorio previene de algunos tipos de cáncer, ayuda a disminuir las placas de colesterol en las arterias y reduce los triglicéridos. A su vez, se ha demostrado que favorecen el desarrollo del cerebro y visión de bebés en gestación.

Más conocidos son los probióticos, prebióticos y simbióticos, los que son asociados a una buena función del sistema digestivo. Éstos son microorganismos cuya ingesta ayuda a prevenir y tratar diarreas infecciosas, mejorar el sistema inmune, reducir niveles de colesterol y prevenir cáncer de colon entre otros beneficios. Por otro lado, los prebióticos son hidratos de carbono complejos, no digeribles, que estimulan la flora intestinal, mejorando la absorción de calcio y reduciendo los lípidos sanguíneos. Los simbióticos es el alimento que combina probiótico y prebiótico.

Para seguir avanzando en esta línea, es necesario hacer estudios preclínicos y clínicos que permitan verificar la eficacia y seguridad de estos péptidos con actividad antihipertensiva, para que puedan ser incorporados en forma segura en los alimentos. Además, eso permitirá entregar antecedentes que permitan avanzar en los aspectos regulatorios.

 

Emol/17 de octubre 2021