Mantener una vida saludable desde la niñez ayuda a disminuir riesgos de ACV en la vejez

Mantener una vida saludable desde la niñez ayuda a disminuir riesgos de ACV en la vejez

Especialista señala que la dieta sana y más deporte establecido como hábito, tempranamente, puede prevenir el desarrollo de factores de riesgo y cuidar la salud para el futuro.

Cada 29 de octubre, con un Día Mundial, se busca sensibilizar sobre el accidente cerebrovascular (ACV), su impacto en la salud y calidad de vida de quienes sobreviven con sus secuelas.

En Chile, a diario se diagnostican 69 casos de ACV y cada 67 minutos una persona pierde la vida por esta emergencia; la principal causa de muerte y segunda de muerte prematura, y el primordial motivo de discapacidad en pacientes jóvenes, advierte el neurólogo Alejandro Torche, subdirector médico del Servicio de Salud Concepción y jefe de Neurología de la Clínica Sanatorio Alemán. “Los ACV se dividen entre hemorrágicos e isquémicos (infarto cerebral), y aunque difieren en la mortalidad, siendo el primero mucho más letal, comparten el potencial de ser causantes de discapacidad, pues los pacientes pueden quedar con secuelas motoras y/o cognitivas”, explica. Entre complicaciones frecuentes menciona la pérdida de movilidad y/o de visión.

De ahí que uno los focos, un reto cotidiano en el país, es la prevención; de sus efectos de la mano de una detección precoz y de su ocurrencia al alero de hábitos saludables que se cimenten tempranamente. La razón, resalta el especialista en Neurología Vascular y Hospitalaria, es que esto permitirá evitar el desarrollo de múltiples factores de riesgo para esta patología en las nuevas generaciones.

Promover para prevenir

Torche afirma que “personas de todas las edades podrían sufrir un ACV, pero mientras más se avanza en años más frecuentes se hacen”. Con la edad como factor de riesgo inevitable, no pasa lo mismo con otras condiciones que exacerban el peligro de sufrir un evento de este tipo, como la hipertensión arterial, diabetes, dislipidemias y obesidad, que suelen ser el resultado de conductas como mantener una dieta malsana y sedentarismo. Ello, junto al tabaquismo, consumo excesivo de alcohol y de drogas, y los altos niveles de estrés, que muchas veces se dan en una nociva sinergia en la vida de las personas y sobre todo jóvenes, resalta, también son factor de riesgo para los ACV.

Eso explica que se esté incrementando su incidencia en personas cada vez más jóvenes, porque lo mismo ocurre con las patologías crónicas de base o los hábitos de riesgo. El neurólogo llama a no olvidar que Chile es el país Ocde con las tasas más altas de sobrepeso y obesidad en adultos y niños, lo que también conduce o se asocia a la presencia de condiciones como diabetes e hipertensión. Lo preocupante, sostiene, es que gran parte de los infantes que padecen exceso de peso se transforman en preadolescentes en esa condición y así evolucionan a jóvenes y adultos. “Eso hace que los pacientes antes de los 18 años ya tengan factores de riesgo y, al llegar a los 30 o 35 años, llevan 15 años de enfermedades crónicas. Eso los hace mucho más lábiles a complicaciones de salud como los ACV”, advierte.

Pero el panorama puede ser favorablemente opuesto, si desde la infancia y adolescencia se promueven estilos de vida saludable que se transformen en factores protectores en el presente que conduzcan a beneficios en el largo plazo, y Torche lo define como la base para prevenir condiciones que se transforman en factor de riesgo de ACV, pero también de otras patologías de la esfera neurológica, cardiovasculares e, incluso, cánceres. “Si tenemos menos prevalencia de consumo de azúcar y grasas, de hipertensión, diabetes, dislipidemias y obesidad, y de tabaquismo; y más personas que hagan deporte y mantengan una dieta saludable, por ejemplo, se proyecta que las enfermedades cardio y cerebrovasculares irán a la baja”, manifiesta.

Controlar y actuar rápido

Alejandro Torche afirma que si no fue posible evitar las condiciones crónicas que son factor de riesgo, prevenir un ACV es posible al mantenerlas controladas, siguiendo al pie de la letra los tratamientos, pues advierte que “la causa principal de hemorragias cerebrales es la descompensación de la hipertensión”.

Y si el ACV se gatilló, detectarlo en las primeras horas marca la diferencia entre morir, vivir y la calidad de vida posterior. Aplicar la “escala de Cincinnati”, que se emplea a nivel prehospitalario, es una forma sencilla de identificar un ACV y actuar rápido. “Si se sospecha que una persona está sufriendo un evento, se le puede pedir que sonría de frente, que levante los brazos y hable, y notar si hay alguna alteración como que al mostrar los dientes se le caiga un lado de la cara o un brazo y/o que al hablar lo haga de forma extraña o no pueda. Si dos de esos signos están alterados, las probabilidades de tener un ACV son sobre el 80%”, detalla. Entonces, es imperante llevar a un centro asistencial.

Diario de Concepción/08 de Noviembre 2020